Efraín Segarra, ‘Segarrita’, nació en Pasaje, provincia de El Oro, en 1957. A los 5 años llegó a Quito con su familia. Aquí se quedó, se enamoró, tuvo dos hijos: Patricio y Christian, y forjó una carrera como conductor profesional. Efraín fue asesinado un mes antes de cumplir 60 años, en abril de 2018. Durante 16 años transportó equipos periodísticos para cubrir el acontecer noticioso.

Patricio Segarra relata que su padre estaba por jubilarse el año pasado. Lo haría en mayo. Mientras tanto, don ‘Segarrita’ estaba a disposición del oficio, cuando “el deber llama”. Antes de salir a su última cobertura, en marzo de 2018, se confesó nervioso con sus dos hijos. Efraín viajaría a San Lorenzo (Esmeraldas), hacia la frontera norte, donde se vivía una serie de hechos violentos. A las 19:15 del domingo 25 de marzo, tuiteó: “Buenas tardes rumbo a San Lorenzo, el trabajo nos llama. Un abrazo”.

“Sentí miedo la última vez que lo vi”, recuerda su hijo mayor. Fue a su casa y le dijo “Mijo,  necesito que me prestes una maleta”. ‘Segarrita’ estaba muy nervioso. “Oye pa, apenas llegues llámame, dime cómo estás, irán con cuidado”, le aconsejó Patricio. Él respondió que se quedarían en el mismo hotel de siempre, que los chicos hacen sus coberturas con la policía y los militares. “En el fondo, él tenía la confianza de que, si estaba militarizada la zona, no iba a pasar nada. Pero estaba nervioso. Sí me dio una sensación rara porque incluso les dieron chalecos antibalas. Fue complicado”, reconoce.  

Efraín Segarra se integró a la planta de conductores de Diario El Comercio en 2002. Este medio lo reconoció como uno de los profesionales con mayor experiencia, debido a su participación en diversas coberturas. Por ejemplo, transportó a periodistas y fotógrafos a las zonas afectadas por el terremoto de Manabí y Esmeraldas, en abril de 2016. También presenció junto a sus compañeros los procesos eruptivos del volcán Cotopaxi.

Patricio cuenta que su padre siempre hablaba de sus experiencias en cobertura. “Nos contaba que él llevaba a los chicos a la zona y que lo hacía era dejarlos en el área de entrevistas y esperarlos o regresaba después de unas horas cuando ellos terminaban su trabajo”. Por eso cuestiona los acontecimientos en torno al secuestro del 26 de marzo. “No es lógico que la camioneta haya quedado botada en un lado, que los documentos de mi papá hayan quedado ahí. Nunca fue lógico lo que dijo la Fiscalía”.

El legado de Efraín Segarra es el compromiso con el quehacer periodístico. “Mi viejito” le decían algunos, no por su edad -tenía 60 años- sino porque trataba a sus compañeros de “mijos”. “La muerte de ellos o el sacrificio que hicieron de traer información sobre el estado de una población que alejada, aislada y sin recursos es mucho. Los nombres de mi Papá, Javier y Paúl  quedarán inmortalizados. Ellos eran periodistas. Si ellos estuvieran aquí con nosotros, no quisieran que ningún periodista viva lo que lo que ellos vivieron”, enfatiza Patricio.

‘Segarrita’ dejó una colección de ‘selfies’ en redes sociales. Compartimos aquí la evidencia de su amor por la carretera y las coberturas: