Increíblemente, el gran punto de discusión en las reformas a la LOC es sobre un punto sobre el cual nadie ha propuesto ninguna reforma: la tabla salarial de de los periodistas.

El malentendido vino después de unas desafortunadas declaraciones del presidente de la Asociación Ecuatoriana de Radiodifusión, núcleo de Pichincha, Roberto Manciatti, quien estuvo acompañado de dos empresarios mediáticos de la provincia de Chimborazo.

Manciatti resbaló sobre una cáscara de plátano que le puso la legisladora correísta Marcela Holguín, antigua periodista y presentadora de TV. El empresario de la comunicación (ejecutivo del canal regional RTU) peco de franqueza. Hizo notar que el salario mínimo de un periodista con título era muchísimo más alto que el de cualquier otra profesión, bordeando actualmente los 900 dólares, y que eso hacía que los medios pequeños ya no contrataran periodistas profesionales, sino estudiantes.

Pese a que Manciatti aclaró que no estaba proponiendo ninguna rebaja del salario, con lo que dijo ardió Troya y todo el mundo procedió a rasgarse las vestiduras. Faltaba más. Los correistas en primera línea clamaron sobre la dignidad del salario periodístico, aunque se pasarán 10 años haciendo trizas la dignidad de la profesión a la cual calificaron de corrupta, traidora, vendepatria y todas las linduras posibles.

Y lo dicho, el debate se elevó varios decibeles sobre un tema que no consta en ningún proyecto de reforma ni sobre el cual se ha propuesto ninguna variación. Solo para demostrarnos dónde estás las prioridades. Porque, increíblemente la Ley que sirvió durante cinco años para arrinconar al periodismo ha motivado escasa participación de los periodistas en la discusión de sus reformas.

Los principales interesados aparecen lejanos, desconectados del debate, sin mucho que decir. Recién el 01 de agosto van a ser recibidos algunos periodistas de Guayaquil: Tania Tinoco, Gustavo Cortez y María Josefa Coronel. Sí efectivamente, han comparecido gremios y hemos estado las organizaciones de la sociedad civil, pero los principales afectados por la Ley, los periodistas de a pie, no han dicho ni pío.

Como tampoco ha hablado la academia relacionada a la Comunicación, más allá del ala correista de la FLACSO y los notables aportes del Colegio de Jurisprudencia de la Universidad San Francisco. Pero ese silencio no es de hoy, durante 10 años pocos alzaron la voz y denunciaron lo que estaba pasando, la mayoría prefirió, una vez más, el silencio.