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Más que una pasantía, una dosis extra de vocación

por | Jun 27, 2012 | Comunicados | 0 Comentarios

El Grupo Clarín integra una diversidad de medios en prensa, radio y televisión. Su tabloide es el periódico más importante e influyente de Argentina, con una circulación que alcanza los 350 mil ejemplares  diarios. Ahí tenía previsto pasar cinco días (del 26 al 30 de marzo del 2012) de aprendizaje periodístico, una experiencia que fue parte del premio con el que Fundamedios reconoció el año pasado los mejores reportajes de investigación en Ecuador.

Conocer la dinámica periodística con que se maneja este medio argentino ha sido una experiencia enriquecedora para mi trabajo. Así, aunque los métodos y formas sean diferentes y por demás interesantes, la vocación por el periodismo no cambia.

En la sala de redacción se siente la misma pasión por informar, por conseguir una primicia, la misma abstracción de todo lo que no huela a noticia a la hora del cierre. Los periodistas llegan cerca de las tres de la tarde. La mayoría ya tiene una agenda de notas para desarrollar y publicar al día siguiente. Cerca del mediodía sus editores -que ya están en el diario- los han llamado para prevenirlos de las apuestas de temas para la tapa del día siguiente. Pero también ocurre lo contrario: los redactores los han contactado para contarles las primicias que han conocido a través de sus fuentes y que se convertirán en revelaciones de la próxima edición.

Periodistas multimedia
Quienes llegan pasadas las cinco o seis de la tarde ya vienen de sus coberturas listos para redactar con creatividad sus notas, casi todas con firma de responsabilidad, por más pequeña que esta sea. Y con frecuencia, presentadas con plus multimedia. Los mismos periodistas disponen -según turnos y horarios- de una sala de grabaciones de audio y video para acompañar sus notas y mejorarlas para la comprensión de los lectores.

En El Clarín se labora hasta pasadas las nueve de la noche. La organización y definición de una sola edición -con las excepciones periodísticas que ameriten- obligan a esforzarse el doble para que la publicación del día siguiente sea completa, creativa y mejor que la anterior.

Con este propósito todos están pendientes de los canales de noticias que constantemente sacan de la abstracción a más de un periodista, cuando se da cuenta que la nota que prepara para el día siguiente puede completarse con una opinión, un dato o una cifra que los canales ya presentan en pantalla mediante una entrevista a algún personaje.

Un capítulo aparte, dentro de la pasantía, merecieron las clases refrescantes de la maestría de El Clarín a la que los pasantes tienen acceso privilegiado.  Los elegidos para estudiar durante un año la maestría no son más de 25 a quienes se puede llegar a becar con hasta el 20% de los costos de la educación. Ahí convergen profesionales de todas las carreras y de todos los países.

En común tienen el desafío de conocer los secretos mejor guardados del periodismo moderno. Los estilos de redacción, las explicaciones de origen del idioma, las técnicas para sentir y oler las noticias son prácticas diarias que se aprenden y se dominan en la maestría.

Los periodistas aprendemos todos los días, pero fue bastante renovador volver a las aulas para escuchar a las maestras que recalcaban: “no los queremos periodistas de escritorio” y “los periodistas se forman para informar”. O aquel consejo  que solemos olvidar cuando hacemos una entrevista: “hay que tomar notas, no fiarse de la grabadora, porque te desconecta”.

Compartir horas de clase con periodistas llenos de ganas por ser mejores profesionales significó una dosis extra de vocación para seguir adelante en este oficio muchas veces incomprendido, pero que siempre será “el mejor oficio del mundo”.

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