Periodistas de frontera, un oficio de riesgo

Periodistas de frontera, un oficio de riesgo

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“Soy madre de familia y no quisiera perder la vida”, dice Jacqueline Apolo, directora del noticiero que transmite el canal Ser Visión de Nueva Loja, a través de televisión por cable, al resumir los riesgos que corre un periodista al intentar investigar algún hecho de supuesta
corrupción en la provincia fronteriza.

Esta reportera es parte de un grupo aproximado de 20 periodistas dedicados a las tareas informativas en Nueva Loja, provincia de Sucumbíos, donde hay 32 estaciones de radio, ocho canales de televisión abierta, y seis periódicos, de los cuales dos son locales –Independiente y El Vocero-.

No es fácil hacer periodismo en Sucumbíos si se toma en cuenta que es una zona que sufre el impacto directo del conflicto colombiano, la narcoguerrilla y la delincuencia común. Según el Departamento de Gestión Procesal de la Fiscalía, el año pasado hubo  2721 casos por varios tipos de delitos.

No hay un registro oficial de las amenazas o agresiones verbales contra los reporteros pero esto no significa que no ocurran. Víctor Gómez, comunicador de Radio Sucumbíos y vicepresidente de la Asociación de Comunicadores Sociales de esa provincia, asegura que desde el año pasado se han registrado entre ocho y 10 situaciones de amenazas contra periodistas.

Callar para preservar la vida

Para los comunicadores resulta difícil abordar temas relacionados con el contrabando de gas y gasolina en la zona de frontera. De acuerdo a la Fiscalía, en 2010 hubo 38 casos de tráfico ilegal de hidrocarburos. “Cuando uno investiga se topa con que detrás están contrabandistas y si vamos al fondo del asunto surgen las amenazas. Así uno se gana un problema y pone en riesgo a su familia”, relata el comunicador, quien vive en la región oriental 25 años, pero nació en la ciudad de Loja.

Otro tema espinoso para cualquier periodista en la frontera tiene que ver con asesinatos,  algunos de los cuales están relacionados con sicariato. El año pasado hubo 57 asesinatos y 145 tentativas de asesinato, de acuerdo a la Fiscalía.

Cuando investigan algún caso suelen preguntarles por qué les interesa tanto el asunto y les acusan de “sapos”. Entonces no es extraño que hayan optado por informar solo del hecho. “Sí, se puede investigar más a fondo pero es riesgoso porque todo está conectado a una red de violencia”, aclara Gómez.

Igual o más complicados de trabajar son los temas que involucran a los grupos armados colombianos como paramilitares o guerrilleros, tanto así que esto es considerado como “ponerse la soga al cuello”.

Las medidas de protección

Ante los riesgos los periodistas tratan de protegerse con algunas medidas: por ejemplo si tienen previsto viajar a  alguna entrevista en una comunidad suelen estar en contacto continuo con los dirigentes, a quienes avisan el día en que van a llegar.

El periodista Víctor Gómez añade que otra acción es no ir solos a las coberturas sino en grupos de cuatro y cinco reporteros; nunca van por la noche sino solo durante el día. Finalmente no suelen ir acompañados de militares o policías.

Otro escollo que deben superar los reporteros en la frontera es que no tienen acceso a las fuentes de información. Maricela Bustamante, reportera y presentadora de Radio El Cisne, comenta que cuando requieren información de la Policía y el Ejército no siempre es posible conseguirla.

El trabajo periodístico en la frontera no solo es complicado por el tema seguridad sino por la falta de profesionalización. En Nueva Loja no hay universidades con facultades de comunicación para preparar a los futuros comunicadores. “La mayoría de compañeros hacemos periodismo empírico”, confiesa Gómez, quien trabaja 11 años en Radio Sucumbíos.

Periodistas imparciales

Como si esto fuera poco, hay veces en que los comunicadores deben hacer su trabajo en medio de disputas de grupos de poder. Un ejemplo es lo que vivieron hace pocos días los periodistas de Radio Sucumbíos, quienes fueron presionados a pronunciarse a favor de uno de los dos grupos (los seguidores de  la orden de los Carmelitas y los simpatizantes de los Heraldos de Evangelio) que pugnaban por controlar la Vicaría de la Iglesia de San Miguel de Sucumbíos (ISAMIS). La radio es parte de la Iglesia.

Según el periodista Gómez, algunos  sectores sociales les criticaron porque no estaban de su lado en su afán de sacar del cargo de Vicario al padre Rafael Ibarguren. La contraparte, según Gómez, insistía en que no se diera espacio a sus detractores con el argumento de que son cuatro personas que no representan a nadie. El saldo de esta disputa fue un periodista despedido.

Pese a todo,  los periodistas de frontera continúan informando los  hechos que cada día ocurren en esta zona apartada del país porque el periodismo,  tal como entiende  Cristina Figueroa, reportera  de Radio Eros desde hace tres años, es una profesión que está al servicio de la gente.

Por Diego Palacios